- El 17% de los españoles decide veranear a finales de verano
- Las ventajas son los bajos precios, una menor concentración y temperaturas más suaves
- El agujero negro del turismo en Oriente Medio: el desplome de la seguridad desvía viajeros a España
En 2025 el 35% de los españoles eligió el mes de agosto para sus vacaciones de verano según el Informe de Temporada elaborado por el Observatorio Nacional del Turismo Emisor (ObservaTUR). Y aunque agosto sigue siendo el rey del verano, ese porcentaje por debajo del 40% por segundo año consecutivo, refleja una 'fuga' de turistas hacia meses con menor concentración.
Los meses más cálidos del año son a su vez los considerados de temporada alta, debido precisamente al aumento de la demanda, de manera conjunta tanto nacional como internacional. Es más, el 25% de las pernoctaciones anuales en corresponden solo a los meses de julio y agosto, según cifras del INE; y en el mismo periodo se produjeron 100 millones de desplazamientos solo en 2025. Aun así, entre junio, julio, agosto y septiembre del pasado año llegaron a nuestro país 42 millones.
De otro lado, septiembre de 2025 registró el máximo histórico de cualquier mes de septiembre siendo la elección del 17% de los españoles para veranear: un mes atractivo por la menor aglomeración y sobre todo por unos precios más bajos. No obstante, la evolución en los cambios de hábitos de los turistas en verano ha llevado ya a muchas agencias de viajes y hoteles a considerar todo el mes de septiembre como temporada alta, más aun teniendo en cuenta el incremento del 20% del pasado año, según datos de la agencia Confederación Española de Agencias de Viajes. Este cambio de tendencia está impulsado sobre todo por el turismo nacional, responsable del 58% de las reservas hoteleras en septiembre de 2025.
Entre las razones principales que hace que los turistas se decanten por septiembre hay dos muy claras: los precios y la menor concentración, aunque está última aumenta conforme sube la tasa de demanda. Otro de los factores claves es el cambio climático, que obliga a muchos a esperar la llegada de septiembre y temperaturas más frescas, lo que implica además un cambio también en la elección del destino.
El turismo ha apuntalado el crecimiento económico y desarrollo del Mediterráneo europeo durante décadas. En toda la región, el sector ha dado empleo a más de 8 millones de personas en España, Grecia, Portugal e Italia en 2023 y 2024, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo. Así, el sector turístico representa casi un 17% del PIB de Portugal, casi el 13% del de España y Grecia, y un 10% del de Italia. A pesar del descenso durante la pandemia del Covid, las cifras han seguido creciendo, y las llegadas internacionales al Mediterráneo están un 8% por encima que, en 2019, con vistas además a reventar cualquier récord como el que se espera este año en España con la llegada de 100 millones de turistas.
Es lógico entonces que los visitantes opten cada vez más por viajar en fechas distintas a las de la gran mayoría como respuesta a varias fuerzas convergentes: económicas (precios claramente a la baja), sociales (menos multitudes) y, en algunos casos como en verano, también ambientales (tiempo menos caluroso).
En cuanto al factor económico, la agencia de viajes Rumbo estima un ahorro del 25% para las vacaciones a partir de septiembre respecto de los meses de julio y agosto, los más demandados de la temporada. Esto se debe a la práctica habitual de pricing dinámico, un sistema de tarifación usada principalmente por hoteleras y aerolíneas que regula los precios en cada momento según la demanda y la competencia, de ahí los elevados precios en temporada alta y las bajas tarifas en temporada media o baja. En la compañía confirman que "los desplazamientos aéreos en septiembre suponen un gasto medio de 425 euros por persona frente a los casi 550 que cuesta el mismo vuelo el mes anterior".
España encara la temporada estival de 2026 con una demanda internacional sólida, aunque marcada por un crecimiento más moderado y un cambio estructural hacia el valor económico sobre el volumen de llegadas. Según los informes de tendencias publicados por Turespaña, el sector opera en un contexto condicionado por la incertidumbre geopolítica, la evolución de los costes energéticos y un encarecimiento generalizado de los viajes que ha incrementado la sensibilidad al precio en los mercados tradicionales.
Los principales emisores europeos, como Reino Unido, Alemania y Francia, muestran un patrón de demanda estable, pero bajo una mayor cautela en el gasto. Este comportamiento se traduce en una planificación más anticipada de las vacaciones y una tendencia hacia estancias más breves o destinos que garanticen una alta percepción de seguridad.
Pese a la pujanza de competidores mediterráneos, España mantiene su ventaja competitiva gracias a una conectividad aérea en máximos históricos y una oferta diversificada que logra retener al viajero continental. El motor de la rentabilidad para esta campaña se desplaza hacia los mercados de largo radio y perfiles estratégicos de alta capacidad adquisitiva.
Estados Unidos se consolida como el principal mercado emisor en términos de gasto y resiliencia, apoyado en una conectividad reforzada y un interés creciente por experiencias culturales y gastronómicas.
A este dinamismo se suman países como Suiza, con niveles récord de gasto medio, además de Canadá, Brasil y la recuperación progresiva de los flujos procedentes de China y Japón, mercados clave para reducir la estacionalidad del modelo turístico.
Los indicadores de Turespaña confirman una tendencia de fondo hacia la sostenibilidad económica del sector, donde el crecimiento ya no se mide exclusivamente por el número de visitantes, sino por la calidad y el impacto financiero de los mismos.
Fuente: elEconomista