- El PIB trimestral aumentó más de lo previsto debido al consumo
- La construcción cobra impulso con un crecimiento del 5,6%
- El empleo aumenta un 2%, pero la productividad permanece estancada
La economía de España mantuvo en 2025 un robusto crecimiento, aunque menor que el de años precedentes. Según la revisión definitiva del Instituto Nacional de Estadística, el PIB creció en el conjunto del año pasado un 2,8%, situando a España como una de las economías desarrolladas más dinámicas del planeta. La revisión supone el mismo dato que el avance provisional y se sitúa ocho décimas por debajo del crecimiento de 2024. El PIB trimestral registró un incremento del 0,8% en el cuarto trimestre respecto al anterior, dos décimas más de las esperadas por los analistas.
El avance del producto interior bruto se produjo, en gran medida, impulsado por la demanda interna, que aportó 3,5 puntos. En el año marcado por la guerra arancelaria procedente de Estados Unidos y un repliegue de la globalización, la demanda externa contrajo el PIB de España en 0,8 puntos porcentuales. En 2024, la demanda externa aportó 0,2 puntos al PIB de España.
Las exportaciones de servicios no turísticos fueron el componente de la demanda que aportó mayor dinamismo a la economía, con un incremento del 11,7%. España se está consolidando desde la pandemia como una potencia relevante en el campo de los servicios de alto valor añadido, desacoplando a la economía del tercer sector de la gran dependencia del turismo, muy vulnerable a interacciones exteriores como crisis geopolíticas o económicas.
En el lado de la oferta, el valor añadido bruto avanzó en todas las áreas económicas. Destaca la construcción, que se incrementó un 5,6%, confirmando las previsiones de las patronales, como la del cemento. A principios de 2025 las empresas cementeras esperaban un despegue de la demanda de la materia prima ante una revitalización de la obra debido a la crisis de vivienda, el desarrollo de infraestructuras industriales energéticas y tecnológicas como los centros de datos, y las inversiones públicas.
¿Qué causa el avance de la producción interna? España sigue mostrando un crecimiento extensivo en el empleo, pero no una mejora de la productividad. Por tanto, la economía aumenta no tanto porque cada vez seamos más eficientes en el trabajo, sino porque somos más personas trabajando. Esto provoca que no haya una mejora generalizada del bienestar o la prosperidad de la ciudadanía a pesar del avance macroeconómico.
Los datos del INE avalan esta tesis. El número de horas efectivamente trabajadas creció un 2,2% en tasa interanual en el cuarto trimestre, cuatro décimas menos que durante el verano. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo aumentaron un 2,8% en tasa interanual, cinco décimas menos que en el trimestre precedente. No obstante, el problema radica en el crecimiento por trabajador. El INE estima que la productividad por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo se contrajo en tasa interanual un 0,1%, aunque la productividad por hora efectivamente trabajada avanzó un 0,5%.
Si seguimos buceando en los pilares que componen el PIB de España, la tendencia de una economía extensiva sigue enviando señales a tener en cuenta tanto para el conjunto de los trabajadores como para el empresariado. El gasto en consumo final avanzó un 3% en tasa interanual, principal elemento de robustez de la economía española. Los hogares incrementaron su gasto un 3,1% mientras que las Administraciones Públicas avanzaron un 2,5%. La formación bruta de capital, es decir, la inversión bruta de la economía, registró un incremento del 5,9%.
Con todo, España se consolida como una de las potencias desarrolladas con mayor dinamismo debido a su crecimiento extensivo. El avance trimestral del 0,8% del cuarto trimestre es cuatro veces mayor al de la Unión Europea y se sitúa por encima de la media del G20, según datos de la OCDE. Antes de la guerra en Irán, la mayoría de las instituciones pronosticaban un avance en 2026 más moderado, de alrededor del 2%.
Fuente: elEconomista